Existe un consenso claro en que el uso de la artroscopia en el tratamiento de las fracturas articulares del tobillo aporta una serie de ventajas indiscutibles. Tal y como ya refieren los autores, permite la visualización y el control directo de la reducción de la fractura así como la detección y tratamiento de lesiones articulares asociadas. El uso de la artroscopia asociada a técnicas de osteosíntesis mínimamente invasivas permite disminuir de forma significativa la morbilidad de los abordajes clásicos y la afectación de partes blandas, ya de por si maltrechas en este tipo de fracturas. A su vez también tendrá un valor pronóstico al permitirnos de forma precisa valorar el grado de afectación y especialmente de reducción articular obtenido.
El principal inconveniente de esta técnica radica en su larga curva de aprendizaje, dado que precisa de un cirujano experto en técnicas de osteosíntesis convencional y mínimamente invasiva y en técnica artroscópica de tobillo, algo que no siempre está disponible en muchos centros hospitalarios.
El riesgo de lesión neurovascular o articular inherente a las técnicas artroscópicas y una posible extravasación del suero en fracturas con elevada conminución, pudiendo colaborar en un hipotético síndrome compartimental, son otros de los riesgos a tener en cuenta.
Por tanto, será imprescindible, ahora y en el futuro, otorgar a los cirujanos encargados del tratamiento de este tipo de fracturas una correcta formación en el uso de la artroscopia como herramienta básica de apoyo en el tratamiento de las fracturas articulares de tobillo.